Carta Pastoral del año 2005
Sobre la Reverencia hacia la Eucaristía

Mis Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

El año pasado, nuestro fallecido Santo Padre Juan Pablo II hizo un llamado a la Iglesia Universal para que se celebrara el Año de la Eucaristía para motivar un mayor amor por Jesucristo presente en la celebración de la Santa Misa. El Año de la Eucaristía concluyó en Roma con el Sínodo de los Obispos en el pasado mes de octubre. Aquí en la Arquidiócesis de Santa fe celebramos el Año de la Eucaristía y concluimos con una Misa al aire libre con Adoración Eucarística en el parque de los Isotopes durante el Rally del Rosario y devoción a María, bajo su título de Nuestra Señora de la Sagrada Eucaristía. Más de cuatro mil personas participaron en ese evento.

El propósito de que esta carta sea leída en todas las misas de este sábado y domingo es el de enseñar algunas de las verdades centrales del Año de la Eucaristía y las discusiones sobre la Eucaristía llevadas a cabo durante el Sínodo de Obispos en Roma.

Nuestro Señor otorgó a la Iglesia el gran regalo de la Sagrada Eucaristía para alimentarnos espiritualmente y darnos la fuerza que necesitamos para seguirle fielmente. El pan y el vino se convierten en Su Cuerpo y Sangre durante la misa. No son solamente un símbolo de Cristo, sino que en una profunda y santa transformación, los elementos se convierten en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor. Este es un misterio central de nuestra fe cuya enseñanza viene de la Santa Biblia y de nuestra tradición Católica de dos mil años. ¡Que gran misterio es este! Debemos responder con fe y reverencia a ese regalo que Jesús nos ofrece. ¿Qué podemos hacer para apreciar más la Eucaristía?

Primero que nada, estar preparados. Tenemos que tener hambre por el Cuerpo de Cristo. Yo les invito a recordar el día en que hicieron su Primera Comunión. Traten de tener el mismo deseo por el Señor que tuvieron cuando recibieron por primera vez a Jesús en la Comunión.

  • Es importante estar en estado de gracia y recibir el Sacramento de la Reconciliación o Confesión antes de Misa si estamos conscientes de haber cometido pecado mortal. Debemos arrepentirnos de nuestras fallas para prepararnos a recibir al Señor de Señores.
  • Es también importante vestirse apropiadamente para la Misa dominical. Yo escucho comentarios por parte de sacerdotes y feligreses diciendo que algunas personas asisten a Misa vestidos descuidadamente o sin la debida modestia, lo cual indica una carencia de buen juicio y falta de respeto para la Sagrada Liturgia y para los otros participantes.
  • Recuerden observar el ayuno de comida y bebida una hora antes de recibir la Comunión. Para apreciar la Eucaristía más, preparémonos apropiamente.

En segundo lugar, al asistir a Misa, entren a la Iglesia con un sentido de reverencia y respeto por el Divino Maestro.

  • Tomen del agua bendita para hacer la señal de la cruz, la cual nos recuerda las aguas purificadoras del Bautismo.
  • Hagan una genuflexión hacia el Tabernáculo si éste es visible dentro de la Iglesia para expresar su creencia en la presencia del Señor Jesús. Si alguna persona tiene dificultad para hacer una genuflexión, podrá, en lugar de eso, hacer una reverencia profunda. Si el Tabernáculo no está presente, hacemos una reverencia hacia el altar, que es un antiguo símbolo de Cristo.
  • Una vez que estén en la Iglesia, dediquen tiempo antes de la Misa para rezar. Continuamente escucho quejas acerca de personas que se dedican a platicar y a reír como si estuvieran en un teatro o salón de juntas, y que a los niños se les permite correr por los corredores. En preparación para la Sagrada Liturgia, debemos mostrar reverencia y quietud.

En tercer lugar: participar durante la Misa.

  • Cantar junto con la congregación.
  • Escuchar atentamente las oraciones y las lecturas.
  • Responder a las invocaciones y participar en la celebración apropiadamente.
  • Al acercarse a recibir la Comunión, caminar con fe y devoción pues van a recibir al Señor de Señores. Hagan una reverencia antes de recibir el Cuerpo y la Sangre sagrados de Cristo, pero sin interrumpir la línea de la Comunión y respondan diciendo: “Amén”
  • Al caminar de regreso a sus lugares, tengan un espíritu de oración y únanse al canto.
  • Cuando estén de regreso en sus lugares, realicen un acto de agradecimiento. Tienen la opción de hincarse o sentarse calladamente en oración, hablando con el Señor sobre su amor por El, pidiendo ayuda en su vida y rezando por sus seres queridos. Algunas personas tal vez elijan quedarse de pie.
  • ¡ Por favor, no se vayan antes de que se termine la Misa! La celebración concluye hasta después de que la bendición final ha sido dada y el sacerdote ha salido en la procesión. Es apropiado hacer de nuevo una genuflexión hacia el Tabernáculo y salir de la Iglesia dando continuas gracias por los favores que se han recibido.
  • Finalmente, vivan su fe como católicos y dejen que esa fe sea visible en su vida. No pueden dejar al Señor en la Iglesia, deben dejar que El los acompañe en las alegrías y en los retos que ustedes y sus seres queridos enfrentan. Recuerden que come Católicos, tenemos la seria obligación de asistir a Misa los domingos y los días santos. Necesitamos la ayuda del Señor en nuestras vidas. Para apreciar más la Eucaristía, yo los invito a visitar nuestras iglesias y capillas de Adoración Perpetua para rezar en la presencia del Santísimo Sacramento y recibir las gracias de Dios. Recen por vocaciones al sacerdocio para que podamos tener suficientes sacerdotes para celebrar las Misas en el futuro.

Vivan en paz, justicia y caridad hacia los demás. Vivan una vida moral y decente. ¡Que el Jesús Eucarístico esté siempre con ustedes!

Sinceramente suyo en el Señor Resucitado,
Reverendísimo Arzobispo Michael J. Sheehan
Arzobispo de Santa Fe